humildad

¡Ven y adora!

“¿Dónde está el niño que nació para ser el rey de los judíos?  Vimos su estrella en el oriente y hemos venido a adorarlo.” Mateo 2:2

 

Jesús nació en Belén de Judea siendo Herodes el Grande, rey de ese país. En ese tiempo, unos hombres sabios de un país de oriente llegaron a Jerusalén preguntando dónde es que estaba el rey de los judíos, pues habían visto su estrella y venían a adorarle.

 

Quien conoce a Jesús, ha escuchado esta bella historia de su nacimiento y se puede imaginar la trayectoria que hicieron estos hombres sabios. No se sabe cuántos eran y se desconocen sus nombres, pero lo que si es seguro, es que buscaban al rey de los judíos, y su deseo era adorarle.

 

Vieron su estrella y le buscaron. Pero fue hasta que le adoraron, que los regalos fueron abiertos. ¡Qué hermosa escena el imaginar a unos hombres sabios postrados ante un pequeño niño! Dejando a un lado todo orgullo o vanidad se postraron, reconociendo al rey que había nacido. ¡Que gran lección se puede encontrar en esta acción!

 

Una sola escena puede hablarnos del carácter de estos hombres pero también de su postura al reconocer ante quien se encontraban en ese momento. A quien ellos buscaban, el rey de los judíos, se postraron sin dudarlo, y le adoraron.

 

Su estrella los guió, pero fue su presencia quien los llevó a reconocerle.

 

Su luz sigue brillando. ¿Por qué no hacer lo mismo e imitar a estos hombres sabios de oriente?

 

¡Ven y adora!

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¡Hagamos la diferencia!

“Oh mujer, él te ha declarado lo que es bueno, y qué pide Jehová de ti:

solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios.” PAR Miqueas 6:8

 

En los tiempos del profeta Miqueas los dirigentes del pueblo de Israel oprimían cruelmente a los débiles. La equidad social se extinguía con rapidez. Los que estaban para impartir justicia (Levítico 19) estaban despojando del bienestar a los que no podían defenderse. En lo escondido hacían maldades sin temor a Dios. La corrupción flotaba en el aire.

 

¿Acaso no estamos viendo el mismo ambiente alrededor? La injusticia, la dureza y la soberbia que reinaban en el pueblo de Israel se asemeja a la situación actual. La humanidad es tan predecible. El mal que padecía Israel hace más de dos mil quinientos años, es el mismo mal que padecemos hoy. Así como el pueblo adoptó las costumbres paganas de los pueblos que los rodeaban, nosotros también estamos mimetizando. Es decir, en lo colectivo, estamos adoptando la apariencia del mundo, de los que no conocen al único y verdadero Dios.

 

Ahora tú tienes en tus manos la oportunidad de marcar la diferencia, sea que dirijas una compañía, un ministerio o un hogar. Hay alguien bajo tu cuidado. Y, ¿qué pide Dios de ti en favor de aquellos?

  1. Hacer justicia. Hacer lo correcto. Recuerda que la justicia de Dios es hacer con otros lo que Él ha hecho contigo.
  2. Amar misericordia. Tener compasión, perdonar y bendecir.
  3. Humillarte. Ser sumisa a Dios; seguir fielmente sus instrucciones.

 

¿Pueden estas instrucciones hacer la diferencia? Miqueas profetizó sobre los que permanezcan fieles: no tendrán que depender de un hombre, ni tener sus esperanzas en ningún ser humano. De ellos, Dios levantará una nación poderosa. El Señor reinará sobre ellos para siempre (Miqueas 4:7, 5:7).

 

¡Hagamos lo que Dios pide de nosotras y hagamos la diferencia!

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Cuidado con la soberbia y la vanagloria

Volvió a encenderse la ira de Jehová contra Israel, e incitó a David contra ellos a que dijese: Ve, haz un censo de Israel y de Judá. Y dijo el rey a Joab, general del ejército que estaba con él: … haz un censo del pueblo, para que yo sepa el número de la gente. 2 Samuel 24:1-2

Pareciese que es Jehová quien incita a David, mas no fue así. En 1 Crónicas 21 encontramos que al airarse Jehová contra Israel, David deja ver lo que había en su corazón, creyendo que las tropas eran de su propiedad e ignora las sabias palabras de Joab: “Añada Jehová tu Dios al pueblo cien veces tanto como son, y que lo vea mi señor el rey; mas ¿por qué se complace en esto mi señor el rey?”.

David conocía también los estatutos de Dios, este censo era peligroso debido a un principio declarado en Éxodo 30:12: Nadie debía censar ¨su pueblo¨, si lo hacían, este pueblo moriría. David ignoró esto, y permitió que su corazón se llenara de vanagloria y soberbia, tanto que dijo: “… para que yo sepa el número de la gente.

Cuando después de casi 10 meses terminaron el censo, le pesó en su corazón y dijo a Jehová: “He cometido un pecado muy grande. He actuado como un necio. Yo te ruego, Señor, que perdones la maldad de tu siervo”.

SOBERBIA: Deseo desordenado de excelencia propia.

VANAGLORIA: Deseo desordenado de prestigio, fama, aplauso, admiración, aprobación o simplemente aceptación de los demás.

¿Qué mueve mi corazón para servir a Dios?

  • Pidámosle a Dios humildad para hacer su voluntad.
  • Digamos a la vanagloria: ¡fuera de mi vida!
  • No juzguemos. La vanagloria y la soberbia son muy poco perceptibles, pueden pasar desapercibidas, estemos alerta para que el enemigo no nos engañe.
  • Y que en todo, sólo ¡Dios sea glorificado!

 

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