llamado

Que despierte tu espíritu

Y despertó Jehová el espíritu de Zorobabel hijo de Salatiel, gobernador de Judá, y el espíritu de Josué hijo de Josadac, sumo sacerdote, y el espíritu de todo el resto del pueblo; y vinieron y trabajaron en la casa de Jehová de los ejércitos, su Dios.” Hageo 1.14 (énfasis añadido)

 

Cuando Jehová envió al profeta Hageo para exhortar y dirigir al pueblo en la reconstrucción de la casa de Dios, los judíos estaban afanados en asuntos para su propio beneficio de modo que, se justificaban diciendo que no era el tiempo de Dios para edificar, por lo que no hacían su tarea (v. 1.2).

 

Dios contestó: “Meditad bien sobre vuestros caminos”. Los hizo cuestionarse ¿porqué al sembrar, recogían poco?, ¿porqué cuando comían y bebían, no se saciaban?, ¿porqué sus vestidos no llegaban a ser suficientes?, ¿porqué aún cuando trabajaban tanto, no les rendía lo que ganaban? (v. 1.6). Dios quería llamar la atención de su pueblo. Con ese propósito, determinó que hubiese sequía sobre la tierra y sobre todo su trabajo (v. 1.11).

 

Cuando entendieron la razón de su condición, el pueblo tuvo temor de Dios y obedecieron la instrucción: “Subid al monte, y traed madera y reedificad la casa.” (v. 1.8). Una vez hecho esto, Dios dijo al pueblo: “Yo estoy con vosotros” (v. 1.13) despertando en ellos el deseo de trabajar en la construcción.

 

Hermana, te invito a reflexionar en las actividades que están ocupando tu tiempo. ¿Estás esperando las condiciones óptimas para hacer la tarea que Dios te ha dado?, ¿has considerado las razones de la condición en que te encuentras?, ¿crees que el enemigo está provocando tu condición? Medita bien: Dios te ha dado una tarea específica ya sea como esposa, madre, hermana, hija, amiga, o quizá un ministerio; un proyecto. El Señor quiere que tomes los recursos que te ha dado y te ocupes en su obra, ¡ya!. Si estás dudando, deja que retumbe en tu corazón la Palabra: “Yo estoy con vosotros.” Permite que despierte tu espíritu para ir y trabajar en la obra de Dios como ocurrió con el remanente del pueblo (v.1.14).

 

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¿A dónde huiremos de su presencia?

La presencia de Dios siempre está en nuestras vidas desde que le conocemos y aceptamos, él nos ha escogido porque vio algo especial en nosotros, de labios declaramos: ¡Úsame Señor!, pero cuando nos sentimos confiados en la mano de Dios y todo está a nuestro favor, nos olvidamos a que fuimos llamados, y como Jonás huimos de su presencia. Dejamos nuestra encomienda a los nuevos creyentes y al querer huir de su presencia, cometemos tantos errores y la gente que amamos también sufre las consecuencias. Las constantes tareas nos ahogan y muchas veces no tenemos la más mínima intención de obedecer a Dios; los quehaceres de la vida y los intereses propios nos hacen huir de su presencia, y cuando Dios nos llama, nos sentimos molestos y muchas veces exclamamos ¡YO NO TENGO TIEMPO!

Dios nos ama tanto que su mano poderosa nos corrige y nos hace reaccionar. No te avergüences de ser llamado hijo de Dios. Reconoce que te has equivocado. Aún es tiempo. Retoma el camino y cumple con la misión a la cual fuiste llamado.

Representemos a Dios en esta sociedad que cree que Él es un mito. Ora a Dios en medio de tu prueba con toda tu alma, declara bendiciones sobre los tuyos con voz firme y fuerte. Que los tuyos crean que Dios es real, atrévete a pagar el precio. Cada uno de nosotros tiene un camino que nadie puede ocupar. Dios está contigo.

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Rehuyendo al llamado divino

¿Cuántas veces, sin darnos cuenta, nuestra relación con Dios se ha ido enfriando? Y como consecuencia de este alejamiento, nos deslizarnos en la peligrosa pendiente del desamparo divino, quedando así expuestos a todo tipo de circunstancias. Esto es lo que sucedió en la vida de Jonás. Creyó que podría huir de la presencia de Dios. De pronto, en medio de su comodidad, dormido en lo más profundo del barco es confrontado por los marineros y no le queda otra más que admitir que esa gran tormenta es el resultado de su mala actitud contra Dios.

Siendo sinceros, hay momentos en nuestra vida cristiana, que nos encontramos tal cual actuó Jonás, siendo desobedientes, rehuyendo a la responsabilidad de nuestro llamado y tratando de ignorar los propósitos de Dios dando toda clase de excusas para no cumplir sus encomiendas. Más Dios, que es grande en Misericordia y anhela cumplir sus propósitos, nos extiende su diestra de Amor y nos libra de todo mal. La clave es reconocer y clamar de corazón:

 

‘‘Me había hundido por completo. El mar me cubría todo, y las algas se enredaban en mi cabeza… Pero tú, Dios mío, me salvaste la vida. Cuando ya estaba sin fuerzas, me acordé de ti, y oré. Mi oración llegó hasta tu santuario. ’’

Jonás 2:5-7 (TLA)

 

Los tiempos que vivimos son muy difíciles, nos enfrentamos diariamente al crimen y la violencia, vivimos en una sociedad que no dista nada en parecerse a Nínive. Es necesario que revaloremos el gran privilegio de ser llamados. Renovemos nuestro pacto con Dios, impactemos este mundo con el Evangelio y cumplamos con gozo nuestro llamado personal.

 

‘‘Pero yo voy a adorarte y a cantarte con alegría. Cumpliré las promesas que te hice. ¡Porque sólo tú puedes salvar!’’ Jonás 2:9 (TLA)

 

 

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Mujer has sido llamada

“Vino a mí palabra de Jehová, diciendo:

Hijo de hombre, habla a los hijos de tu pueblo, y diles: Cuando trajere yo espada sobre la tierra, y el pueblo de la tierra tomare un hombre de su territorio y lo pusiere por atalaya, y él viere venir la espada sobre la tierra, y tocare trompeta y avisare al pueblo, cualquiera que oyere el sonido de la trompeta y no se apercibiere, y viniendo la espada lo hiriere, su sangre será sobre su cabeza.       Ezequiel 33:1-4

Ezequiel  fue llamado por Dios a los 30 años de edad para ser profeta y hallándose en el exilio, lejos de su tierra, ve la deportación completa de su pueblo y junto con ello la decadencia y destrucción de Jersualén. El mismo día que los babilonios sitiaron la ciudad, Dios le dice al profeta: “… he aquí que quito el deleite de tus ojos, y además le dice “… no llores, ni corran tus lágrimas.” Difícil ¿verdad? Ver la destruccion de una mujer, de su familia o de su ciudad, ¿no creen? Pero lo más aterrador no es saber, creo yo, que Dios mismo me avise que me quitará un ser tan amado, tan especial, y muchas veces no es que no, nos avise, basta muchas veces en voltear nuestras miradas y darnos cuenta, de la destrucción ya existente en nuestra vida. Pero a diferencia del profeta muchas de nosotras, nos ponemos a llorar lo que estamos viviendo.

Mujer, creo que al igual que el profeta, has sido llamada. Nuestro llamado, tiene que ser operativo, no podemos quedarnos con los brazos cruzados sólo de espectadoras y ver como el mundo (Babilonia) sigue destruyendo nuestras ciudades. Dios sigue con sus brazos extendidos de amor y de misericordia hacia nosotras. Sigue confiando en mujeres valientes y esforzadas que no se callan sin importar las adversidades que vengan a su vida. Vivimos dias terribles en donde la destrucción de muchas mujeres es inminente, sin embargo, depende de ti y de mi, levantarnos y retomar el llamado que Dios nos ha hecho en las diferentes áreas donde podemos ensalzar el nombre de Jesucristo.

No te quedes mirando la espada que se ha levantado en contra tuya, mejor visualiza lo que Dios puede y hacer a través de tu vida. Al profeta Ezequiel le quitó a su mujer el día que su ciudad fue saqueada, destruida y desolada. ¿Te imaginas lo terrible que fue para el?Sin embargo, eso no lo detuvo.  Su fuerza vino de su creador e igual será para con nosotras. El nos dará la fuerza para seguir adelante si no desmayamos.

Mi deseo es que Dios te bendiga, te guarde y te ayude a retomar el trabajo para el cual has sido llamada.

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Para esta hora

“Porque si callas absolutamente en este tiempo, respiro y liberación vendrá de alguna otra parte para los judíos; mas tú y la casa de tu padre pereceréis. ¿Y quién sabe si para esta hora haz llegado al reino?” 

Ester 4:14

Amán concibe una malvada idea; exterminar a todos los judíos en Persia. Esto porque Mardoqueo, el judío, no le rinde reverencia. La fecha queda fijada para el duodécimo mes e inicia la cuenta regresiva. La vida de los judío era valuada en 120 millones de dólares (actuales) cantidad nada despreciable para un asesino a sueldo.

Cuando Mardoqueo se entera de la terrible tragedia inmediatamente busca a Ester para darle la terrible noticia. La nueva reina, de origen judío. Secreto que nadie conocía. Según Mardoqueo, no por estar ella en el palacio de rey, iba a ser librada.

Ester es informada del inminente peligro que enfrenta su pueblo. Tiene ante sí una penosa alternativa: acercarse al rey (con riesgo de perder su vida), o guardar silencio (y permitir la aniquilación de su pueblo).

Haz una lista de las cosas de ti que nadie en el mundo conoce; detalles de tu trasfondo o de tu vida personal que podrían ser usadas en tu contra si alguien las conociera. ¿Te has sentido tentada a decir que no, cuando se te requiere para algo en la obra de Dios a causa de algún secreto? ¿Por temor a ser descubierta? ¿Quizá es algún prejuicio, tradición o alguna otra cosa los que te limitan para que cumplas con el ministerio que Dios ha puesto en tu corazón? ¿Cómo responderás? ¿Te quedarás callada ante la necesidad de nuestra sociedad? O ¿te levantarás con valor a proclamar lo que se te ha dado? ¿A costa de lo que sea?  “…Quién sabe si para esta hora has llegado…” Ester 4:14

Ester decidió intervenir para salvar a su pueblo a costa de su vida, ella para esa hora había llegado al reino. Y tú y yo ¿para qué hora hemos llegado al reino? “…Porque si callas absolutamente en este tiempo, respiro y liberación vendrá de alguna otra parte…” ¿Y tú ministerio? ¿Y tú llamado?

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¡Para esta hora he llegado!

Ester 4

El decreto decía que todos los judíos debían perecer; Ester también era judía y no por estar dentro del palacio del Rey se salvaría de la muerte, había un hombre a quien la envidia le alcanzó y tenía un plan malévolo.  Mardoqueo, tío de Ester, era quien la aconsejaba y la instruía, él le había dicho que fuera prudente en cuanto a su origen pero en este momento de la historia había llegado la hora de revelarlo y ponerse en la brecha en defensa de su pueblo.

Mardoqueo sabía que no era casualidad que Ester estuviera viviendo en el palacio como esposa del rey y como Reina de Persia, estaba seguro que era parte del plan de Dios; de la providencia de Dios, de la soberanía de Dios. Fue Mardoqueo quien le trasmitió a Ester esa confianza y fe en Dios.  Seguramente le dijo: “Ester para este tiempo has sido preparada; para esta hora has llegado al palacio del rey”, y ella decide actuar pues entendió que para ese tiempo había llegado ahí. Ella pudo haber dicho: “A mí no me pasará nada, no son mis parientes, yo soy la esposa del rey, etc.”.

Querida lectora mira a tu alrededor, estoy segura que de alguna forma hay necesidad. ¿De qué manera puedes suplirla? No desvíes la mirada, la que más va a perder eres tú. Ester se pudo quedar callada; quieta sin hacer nada, sin intervenir; podía haber sobrevivido a la masacre porque estaba protegida por la guardia del rey, pero Dios, seguramente habría usado a otra persona para salvar a su pueblo y Ester hubiera perdido su bendición y la oportunidad de hacer lo que le correspondía, porque para eso la puso Dios en ese lugar.

Hermana, amiga, Dios te puso en ese lugar y no es casualidad. “Este es tu tiempo”. “Si perezco, que perezca”, dijo Ester, y no pereció porque para eso fue llamada para actuar en momentos de crisis.

El político británico Edmund Burke dijo en un discurso: “Todo lo que se necesita para que el mal triunfe es que la gente de bien no haga nada”.

Querida lectora, no dudes, para este tiempo fuiste llamada; hagamos la diferencia.

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Cumple con TU propio llamado

“Entonces dijo Saúl: Traedme holocausto y ofrendas de paz. Y ofreció el holocausto”.

1 Samuel 13:9

Saúl, primer rey de Israel, de la tribu de Benjamín.  El cual fue elegido de entre el pueblo por el mismo Dios; hombre valeroso y de gran estatura.  El ungido Saúl, tenía un llamado y un nombramiento único, pues además de haber sido ungido con aceite por el profeta Samuel como el rey sobre su pueblo, era el “ungido de el Señor como el príncipe de su pueblo Israel” según leemos en 1 Samuel 10:1.

Mas para Saúl, el llamado y unción que Dios da, pareció ser cosa de poca estima por lo que ofreció un sacrificio que solamente le correspondía al sacerdote.  El usurpar un llamado, lo llevó a vivir consecuencias permanentes pues el mismo sacerdote le declaró: “…ahora tu reino no será duradero… por cuanto tu no has guardado lo que el Señor te mandó”.

¡Qué dolorosa noticia! Sin duda debió haber sido un momento muy triste para Saúl el advertir que ser rey de Israel no era algo pequeño. Una consecuencia dolorosa para quien tuvo en poco su propio llamado.

En la iglesia podemos ver a hombres y mujeres con llamados específicos; unciones especiales y dones hermosos que no valoran pues desean tener otro llamado; otra unción.  Admirando lo que otros tienen, viven usurpando, copiando e imitando otros llamados.

Mujer ¿para que fuiste llamada? ¿cuál unción ha puesto el Señor sobre tu vida?  Examina tu vida; y cumple con TU propio llamado.

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