misericordia

¡Hagamos la diferencia!

“Oh mujer, él te ha declarado lo que es bueno, y qué pide Jehová de ti:

solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios.” PAR Miqueas 6:8

 

En los tiempos del profeta Miqueas los dirigentes del pueblo de Israel oprimían cruelmente a los débiles. La equidad social se extinguía con rapidez. Los que estaban para impartir justicia (Levítico 19) estaban despojando del bienestar a los que no podían defenderse. En lo escondido hacían maldades sin temor a Dios. La corrupción flotaba en el aire.

 

¿Acaso no estamos viendo el mismo ambiente alrededor? La injusticia, la dureza y la soberbia que reinaban en el pueblo de Israel se asemeja a la situación actual. La humanidad es tan predecible. El mal que padecía Israel hace más de dos mil quinientos años, es el mismo mal que padecemos hoy. Así como el pueblo adoptó las costumbres paganas de los pueblos que los rodeaban, nosotros también estamos mimetizando. Es decir, en lo colectivo, estamos adoptando la apariencia del mundo, de los que no conocen al único y verdadero Dios.

 

Ahora tú tienes en tus manos la oportunidad de marcar la diferencia, sea que dirijas una compañía, un ministerio o un hogar. Hay alguien bajo tu cuidado. Y, ¿qué pide Dios de ti en favor de aquellos?

  1. Hacer justicia. Hacer lo correcto. Recuerda que la justicia de Dios es hacer con otros lo que Él ha hecho contigo.
  2. Amar misericordia. Tener compasión, perdonar y bendecir.
  3. Humillarte. Ser sumisa a Dios; seguir fielmente sus instrucciones.

 

¿Pueden estas instrucciones hacer la diferencia? Miqueas profetizó sobre los que permanezcan fieles: no tendrán que depender de un hombre, ni tener sus esperanzas en ningún ser humano. De ellos, Dios levantará una nación poderosa. El Señor reinará sobre ellos para siempre (Miqueas 4:7, 5:7).

 

¡Hagamos lo que Dios pide de nosotras y hagamos la diferencia!

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Arrogancia y traición

“El día que estando tu delante, llevan extraños cautivo su ejército,

y extraños entraban por sus puertas, y echaban suerte sobre Jerusalén,

tú también eras como uno de ellos.” Abdías 1:11

 

Este libro profético se escribió: (1) para revelar el intenso enojo de Dios con Edom por el regocijo en el sufrimiento de Judá, y (2) para proclamar la palabra del venidero juicio de Dios contra Edom. La rivalidad entre hermanos ocasiona siempre problemas serios entre los creyentes. En el caso de Jacob y Esaú esos problemas se extendieron a sus respectivos pueblos. En un momento de urgente necesidad, con los enemigos de Israel tocando las puertas de Jerusalén, los Edomitas estaban llamados a auxiliar a sus hermanos.

Pero en lugar de ayudar, Edom se convirtió en aliado de los enemigos de Israel y aun, colabora en saquear la ciudad de Jerusalén. Por su arrogancia, traición y falso orgullo Edom será cortado para siempre (v. 1:10).

Así como Israel ocupaba la ayuda de su hermano, actualmente hay hermanos nuestros que necesitan nuestro apoyo para restaurar sus vidas, ya sea física, emocional o espiritualmente. Edom rehusó tomar el papel correcto como hermano y sufrió un horrendo castigo por su decisión. ¿Cómo debemos reaccionar ante las tragedias de nuestros semejantes o ante las horas sombrías que atraviesan nuestros enemigos? ¿Qué piensa Dios cuando nos aprovechamos de las desgracias de los demás? Dios quiere que los que hemos recibido su ayuda y misericordia, mostremos misericordia a nuestros semejantes en cualquier momento de necesidad por la que estén pasando. Edom no reaccionó de la manera que Dios quería que lo hiciera, y en el año 70 d.C., desapareció para siempre. El orgullo y arrogancia son actitudes que Dios aborrece, y que si están en nosotros nos impiden mostrar compasión y misericordia a nuestros semejantes.

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La misericordia de Jehová

“Por eso pues, ahora, dice Jehová, convertíos a mí con todo vuestro corazón, con ayuno y lloro y lamento. Rasgad vuestro corazón… porque misericordioso es y clemente, tardo para la ira y grande en misericordia…” Joel 2:12-13

 

Creo estarán de acuerdo conmigo al decir que la misericordia de Dios es la que nos sostiene diariamente. Su misericordia es grande. Nuestro Dios es bueno que aun con nuestras fallas y pecados, nos brinda su misericordia y perdón.

 

Lamentablemente nuestra naturaleza humana está en total desacuerdo con la espiritual. Como dice Pablo en Romanos 7.19: “Porque no hago el bien que quiero, si no el mal que no quiero, eso hago.” Tratamos de vivir en acuerdo con sus mandamientos y estatutos, de honrarle con nuestra vida, pero no somos perfectas y la realidad es que le fallamos y puede ser muy frustrante y desgarrador al enfrentarnos a nosotras mismas cuando lo hacemos.

 

El desánimo, la culpa, desilusión de nosotras mismas, el dolor de haberle fallado, el acusador que viene a susurrar a nuestros oídos, todo se acumula y podemos pensar en que no somos dignas o lo suficiente para ser perdonadas. Pero cuando nos aferramos a esa misericordia que ha sido desde el principio de los tiempos; cuando decidimos rasgar nuestro corazón como Dios lo da a conocer por medio del profeta Joel y pedir perdón una vez más. Con un verdadero arrepentimiento que cause el quebrantamiento, cuando decidimos volver a levantarnos, Dios promete saciarnos de grandes bendiciones. “Y Jehová, solícito por ti, te perdonará, (v.18) y te llenará de grandes bendiciones. (v.19-27)

 

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No más holocaustos, misericordia es lo que quiero

“Porque misericordia quiero, y no sacrificio,

y conocimiento de Dios más que holocaustos”.

Oseas 6:6

 

El Pueblo de Dios se había desviado, había dejado sus caminos. Dios mismo por el pecado del pueblo los castigó; se habían olvidado de ser piadosos y misericordiosos.

Como hijas de Dios nos debemos caracterizar por ser personas misericordiosas; si. Hacer misericordia con los demás. Pero en lugar de eso, muchas veces, juzgamos a los otros y estamos al pendiente de sus faltas y equivocaciones. Nos olvidamos de que cada día Dios tiene gracia para nosotras, y una y otra vez nos da oportunidades de ser mejores delante de Él.

Llegamos a sus pies, según nosotras humilladas, pero nuestro corazón está lleno de cosas que a Dios no le agradan y eso nos aleja de Él. Oramos, ayunamos, leemos la biblia, diezmamos, vamos a todas las actividades y hasta somos las primeras en llegar, pero no dejamos de criticar.

Dios está hastiado de que le sacrifiquemos mañana y tarde, de que tratemos de agradarle a él. El no quiere nuestros sacrificios; El quiere que seamos mujeres llenas de misericordia; mujeres que le conozcamos, no que hablemos de Él, sino que sepamos quién es El. Eso es lo que Él quiere de nosotras. Es hora de dejar los holocaustos y las ofrendas que solamente lo tienen cansado.

Cuando nosotras le conocemos, podemos darnos cuenta que le agrada que hagamos misericordia con los demás, porque es un Dios misericordioso y clemente, “porque Él es un Dios misericordioso” Salmo 116:5, “clemente y misericordioso es JehováSalmo 145:8, que se deleita en misericordia. Así que, cuando nos preocupamos por el prójimo, que hacemos misericordia con los que están cerca, o con los más débiles, Dios se agrada, y nos bendice. ”Bienaventurados los misericordiosos…” Mateo 5:7.

No más holocaustos, no más sacrificios, mejor seamos misericordiosas.

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Dios es fiel, ¿y tú?

La infidelidad es uno de los pecados más predominantes en estos tiempos donde somos traicionados o traicionamos por una cuestión de debilidad. ¿Alguna vez le has dado tu confianza a alguien y ha nacido un pacto de confianza, pero en un momento de debilidad, has sido traicionado o has traicionado?

Hoy en día tomamos tan a la ligera nuestras palabras; esta sociedad carece de fidelidad. Somos corrompidos muchas veces por nombramientos, por lo material o por beneficio propio, y nos olvidamos de los principios de Dios, de lo que El demanda de nosotros. Somos infieles hasta con nosotros mismos y nadie está inmune a este terrible pecado. ¿DE CUÁNTAS MANERAS DIFERENTES HEMOS SIDO INFIELES A CRISTO?

En el libro de Oseas, Dios manda al profeta casarse con una mujer adúltera, esto para hacer una comparación de la relación del pueblo con él, pues Dios nos perdona en esos momentos de debilidad. En el libro de Oseas 2:6 que a la letra dice: “Por tanto, he aquí yo rodearé de espinos su camino, y la cercaré con seto, y no hallará sus caminos”, refiriéndose a la mujer adúltera que en su infidelidad pretendía ir tras sus amantes y los beneficios que estos podían aportarle. Hasta en esos momentos el Señor nos cuida y cierra puertas, y se nos presenta un camino lleno de espinas; somos el pueblo de Dios por gracia y una infinidad de veces olvidamos su misericordia y fidelidad, por lo que a través de tantas situaciones espinosas nos volvemos a El porque somos apartados desde el vientre de nuestra madre y El nos busca con amor. Oseas 2:14 dice: “Pero he aquí que yo la atraeré y la llevaré al desierto, y hablaré a su corazón”, y es ahí, en nuestro desierto, donde recordamos que su misericordia y amor es más grande que su justicia.

Volvámonos al padre. Pidamos perdón y perdonemos; pongamos a Dios sobre todas las cosas. Recordemos siempre su infinito amor y misericordia, pero sobre todo, su fidelidad; seamos fieles con Dios y declaremos esa fidelidad. Esto es ser firme y constante en los afectos, ideas y obligaciones, cumpliendo los compromisos establecidos y pactados con Dios. “Sé fiel hasta la muerte, y él te dará la corona de la vida”.

 

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LA RESTAURACIÓN DEL SILO ESPIRITUAL

Jeremías recibe palabra de Jehová, quien le ordena pararse a la puerta del templo y declararle a Judá su condición y el castigo que recibirían  si no dejaban de practicar lo malo:

¨Ahora vayan a Silo, al lugar donde puse antes el tabernáculo que llevaba mi nombre. Vean lo que hice allí debido a toda la perversidad de mi pueblo.¨  Jeremías 7:12 NTV

La ciudad de Silo, era el lugar, al que los Israelitas subían para adorar porque allí se encontraba el Arca del Pacto. Quizá por esta razón, los  historiadores y eruditos le dan a Silo el significado de ¨El lugar del enviado, lugar de reposo y de paz¨.

No obstante que la presencia de Dios estaba con su pueblo, hicieron enojar a Jehová.  “Le enojaron con sus lugares altos, y le provocaron a celo con sus imágenes de talla.  Lo oyó Dios y se enojó, y en gran manera aborreció a Israel. Dejó, por tanto, el tabernáculo de Silo.¨. Salmo 78:56-60

Dios permitió que su pueblo Israel fuese derrotado y que los Filisteos llevaran consigo el Tabernáculo, por lo cual, Silo quedó desolado. Muchos años después, Judá estaba viviendo de la misma manera, hacía lo malo delante de los ojos de Jehová, mas Dios en su Misericordia, envía a Jeremías. 

La palabra profética está vigente hasta nuestros días, Dios continúa hablando por medio de su palabra, El anhela, que cada uno de nosotros reflexionemos en nuestros caminos y nuestras obras, que pidamos perdón y permitamos que la presencia del Espíritu Santo restaure el tabernáculo de nuestro corazón.

“Obedézcanme, y yo seré su Dios, y ustedes serán mi pueblo. ¡Hagan todo lo que les diga y les irá bien!”. Jeremías 7:23 NTV

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¡Podrás recibir tu milagro!

“Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias. Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad. Mi porción es Jehová, dijo mi alma; por tanto, en él esperaré.”

Lamentaciones 3:22-24

Como mujeres enfrentamos demasiados retos, no sólo personales si no también familiares y sociales, pero debemos de creer que DIOS siempre nos da de sus misericordias.  A pesar de lo que pasamos en nuestra vida, no nos consumimos en los problemas porque él es grande.

Algo que debemos de comenzar a activar en nuestras vidas es la Fe, porque como bien sabemos “sin fe es imposible agradar a Dios” pero no solo es para agradar a Dios, sino también para mantenernos firmes ante cualquier adversidad, y creer que sus misericordias son nuevas cada día a pesar de lo que enfrentemos.

Recuerda muy bien: con Dios eres fuerte, sin Dios somos nada. Si eres fuerte, puedes lograr cualquier meta; si eres débil, caes y flaqueas. Dios se perfecciona en tu debilidad pero no significa que tienes que dejar de creer en su fidelidad y su misericordia, lucha y no seas débil.

Fue el amor por ti lo que mantuvo a Cristo en la cruz, fue su gracia y misericordia hacia ti lo que hizo que al tercer día resucitara, porque su amor es tan grande y su misericordia es infinita.

Una enfermedad, un desamor, una depresión o estar cansado de cómo es la vida, son circunstancias que no deben derribar esa fortaleza que hay dentro de ti. No pierdas la esperanza, acércate a Él y eleva la mirada hacia tu creador. Solamente cree en él y cree que al clamarle, tu fe aumentará y podrás sentir su poder sobre ti.

Espera en él y podrás recibir esa sanidad que necesitas. Así de sencillo ¡PODRÁS RECIBIR TU MILAGRO! Porque su misericordia nunca te abandonará, siempre te protegerá con la diestra de su justicia.

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No tengas temor

“Y le dijo David: No tengas temor, porque yo a la verdad haré contigo misericordia por amor de Jonatán tu padre, y te devolveré todas las tierras de Saúl tu padre; y tú comerás siempre a mi mesa”.  2º. Samuel 9:7

El segundo libro de Samuel nos relata la historia de Mefiboset, quien fue hijo de Jonatán y nieto de Saúl; era de descendencia real, pero la desobediencia y el mal proceder de su abuelo lo condenaron a huir y a vivir en el olvido.

Cuando el Rey David llegó al trono, preguntó: “¿Ha quedado alguno de la casa de Saúl, a quien haga yo misericordia por amor de Jonatán? Y Siba respondió al rey: Aún ha quedado un hijo de Jonatán, lisiado de los pies, el cual habita en Lodebar”.

El Rey mandó a buscar a este hombre y al traerlo ante él, se postró y le hizo reverencia. La misericordia que deseaba manifestar David hacia Mefiboset, fue por ese pacto de amistad que había hecho con su padre Jonatán; él (David, su rey) quería recompensarlo y que disfrutara de las bendiciones y privilegios de los cuales había carecido por mucho tiempo. Mefiboset se sentía indigno de merecer lo que David le estaba ofreciendo. Sin embargo, a partir de ese momento estaría en la casa y en la mesa del Rey para siempre.

En muchas ocasiones, así como Mefiboset, atravesamos por desánimos, dificultades y tropiezos que nos hacen sentir que no somos merecedores de las bendiciones de Dios. Nos olvidamos que Cristo nos ha llamado, y nos ha restituido lo que habíamos perdido a causa del pecado; en su palabra nos dice que somos linaje escogido y real sacerdocio; día tras día, Él (Nuestro Rey), nos brinda de su misericordia y de sus grandes bendiciones.

“No tengas temor.”

Yésica Quintero.

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