“¿Dónde está el niño que nació para ser el rey de los judíos?  Vimos su estrella en el oriente y hemos venido a adorarlo.” Mateo 2:2

 

Jesús nació en Belén de Judea siendo Herodes el Grande, rey de ese país. En ese tiempo, unos hombres sabios de un país de oriente llegaron a Jerusalén preguntando dónde es que estaba el rey de los judíos, pues habían visto su estrella y venían a adorarle.

 

Quien conoce a Jesús, ha escuchado esta bella historia de su nacimiento y se puede imaginar la trayectoria que hicieron estos hombres sabios. No se sabe cuántos eran y se desconocen sus nombres, pero lo que si es seguro, es que buscaban al rey de los judíos, y su deseo era adorarle.

 

Vieron su estrella y le buscaron. Pero fue hasta que le adoraron, que los regalos fueron abiertos. ¡Qué hermosa escena el imaginar a unos hombres sabios postrados ante un pequeño niño! Dejando a un lado todo orgullo o vanidad se postraron, reconociendo al rey que había nacido. ¡Que gran lección se puede encontrar en esta acción!

 

Una sola escena puede hablarnos del carácter de estos hombres pero también de su postura al reconocer ante quien se encontraban en ese momento. A quien ellos buscaban, el rey de los judíos, se postraron sin dudarlo, y le adoraron.

 

Su estrella los guió, pero fue su presencia quien los llevó a reconocerle.

 

Su luz sigue brillando. ¿Por qué no hacer lo mismo e imitar a estos hombres sabios de oriente?

 

¡Ven y adora!