provisión

La perla de gran precio

“También el reino de los cielos es semejante a un mercader que busca buenas perlas, que habiendo hallado una perla preciosa, fue y vendió todo lo que tenía, y la compró”.

Mateo 13:45-46

 

Como seres humanos buscamos tener una vida cómoda y próspera y nos esforzamos para tener las mejores cosas y no pasar escasez. Como mujeres, una casa es quizá un anhelo en común. Un carro hace nuestra vida más fácil. Hacemos sacrificios tanto en tiempo como monetario para darle a nuestros hijos una vida mejor, para darles la oportunidad de seguir estudiando, les damos muchas oportunidades de superación que quizá nosotras no tuvimos.

 

Disfrutar de los frutos de nuestro trabajo es bueno, muy bueno y no hay nada de malo en eso. Dios mismo se complace en darnos buenas dádivas; El mismo abre las ventanas de los cielos para bendecirnos, pero a pesar de todas las buenas cosas materiales que podamos poseer, del buen trabajo, de todas las bendiciones que Dios nos provee en esta tierra, hay algo que no se compara en precio y valor a nuestra salvación.

 

No son las cosas materiales lo mejor que podemos heredarle a nuestros hijos, es Dios. Nuestro mejor esfuerzo no es el que hacemos para darles estudio, es el esfuerzo que hacemos para enseñarles quien es Dios. El mejor sacrificio no es el tiempo que pasamos trabajando para proveerles de buenas cosas, es el tiempo que pasamos orando, ayunando y guerreando por sus almas.

 

Buscar buenas perlas es necesario y encontrarlas son bendiciones que Dios nos permite disfrutar en este mundo, pero el valor de la perla preciosa es incomparable porque es eterna. Así que hermana, no les des a tus hijos solo buenas perlas, ayúdalos a encontrar la PERLA DE GRAN PRECIO.

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Prosperidad VS Provisión divina

“¡No cantes victoria, Israel! ¡No imites a esos pueblos que saltan de alegría!

Te has apartado de Dios; has adorado a dioses falsos.

Has sido infiel a tu Dios, porque al ver tus cosechas

diste gracias a dioses falsos”.

Oseas 9:1 TLA.

El libro de Oseas, nos relata la infidelidad de su esposa como un símbolo de la infidelidad del Pueblo de Israel. Dios le había indicado a Oseas que hablara al pueblo y le hiciera saber de su enojo e indignación ante su actitud de pecado y del castigo que vendría sobre ellos si continuaban siendo infieles, más ellos cerraron sus oídos, y no atendieron al llamado de atención de parte de Dios.

El pueblo de Israel era eminentemente agrícola, y la bendición en sus cosechas, parecía ser un indicativo para ellos de que todo estaba bien en su nación, no obstante, fueron en pos de dioses falsos y les atribuyeron el éxito de sus cosechas. No querían reconocer su desvío y no se daban cuenta que detrás de esa aparente prosperidad, estaba su verdadera condición espiritual; que Dios les abandonaría y volverían a vivir el cautiverio de Egipto, como ya se los había profetizado Oseas.

                                       

Cuantas veces en la búsqueda de nuestros objetivos y propósitos de vida, podemos caer en la condición de pecado como el pueblo de Israel, que llenando nuestro corazón de soberbia creamos que la prosperidad que hemos logrado, es el resultado de nuestro esfuerzo y dedicación, olvidándonos de agradecer por la provisión divina. 

Estemos atentos para no desviar nuestra atención de los propósitos de Dios y reconozcámosle en todos nuestros caminos reconociendo que si algo somos, que si algo hemos logrado, es por su misericordia.

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